Me decía el amigo Javier que algunas plantas deberían estar en los altares. Porque han hecho el milagro de calentar o dar de comer a muchas generaciones. Él proponía la carrasca. Yo creo que, a la par, el sisallo, se merece la misma veneración.
En estos días otoñales, los descampados del valle del Ebro adquieren un brillo especial con la fructificación del sisallo. Son esos parajes grises, de matorral bajo, habituales en tantos rincones tórridos y salobres de Aragón pero que muestran en otoño una singular belleza. Se trata de los sisallares, formaciones vegetales adaptadas a vales y hondonadas con suelos limosos, ricos en sales y nitrógeno, sometidas a una meteorología rigurosa de fuerte insolación estival mientras que nieblas y heladas persistentes en invierno. Ambientes, por cierto, actualmente denostados por no cumplir los requisitos de verdor y verticalidad que los cánones sociales imponen.

DAT Alierta © E. Pelayo/ANSAR
El sisallo
El sisallo (Salsola vermiculata) es una planta de la familia de las quenopodiáceas. Es un arbusto muy ramificado de hasta un metro de altura, de hojas pequeñas y crasas. Forma parte de las comunidades de matorrales nitrófilos o halonitrófilos, es decir, que se asientan sobre los suelos ricos en nitrógeno y sales debido a los excrementos del ganado o a los cultivos. Por eso se pueden ver los sisallos en ribazos, parideras, zonas de paso de ganados y zonas humanizadas en general, en comarcas cálidas y con cierta aridez. Los sisallares son típicos de las zonas esteparias del Valle del Ebro y de los enclaves más cálidos de los somontanos.

Florece en pleno verano y produce en otoño unos curiosos frutos rodeados de una alas membranosas que proporcionan esos brillos tan característicos con el sol bajo del amanecer o atardecer. Es pastado por las ovejas, las cuales a su vez ayudan a diseminarlo. Es un excelente forraje en las comarcas secas para las ovejas que paren durante la otoñada y existen diversos autores que propugnan su uso en una ganadería integrada en el ecosistema y respetuosa con los recursos naturales. El profesor Pedro Montserrat divulgó activamente el valor del sisallo como planta de interés ecológico-paisajístico, especialmente en Los Monegros (Pedro Montserrat, 1998. El sisallo y su importancia en el paisaje monegrino. Naturaleza aragonesa, 2; 25-30).
Una planta C4 excepcional
El sisallo es una planta singular por aglutinar características excepcionales que le han permitido, además, ser la base de las comunidades pastoriles. Sin duda, la adaptación a los ambientes secos de clima riguroso, es su mejor rasgo. Sus raíces profundas le permiten soportar largos periodos de sequía temporal y su resistencia a la fotorrespiración le permiten colonizar ambientes hostiles de grandes contrastes térmicos, fuerte insolación y suelos ricos en sales y nitrógeno proveniente de los estiércoles.
La fotorrespiración es un proceso que se produce en las plantas por el cual éstas utilizan oxígeno (O2) y producen dióxido de carbono (CO2). Como sucede en presencia de la luz y el balance es semejante al de la respiración se denomina fotorrespiración. Pero a diferencia de la respiración, que es un proceso en el que se produce energía, la fotorrespiración no produce energía sino que la consume. Se trata de un mecanismo de protección ante situaciones de estrés como un exceso de luminosidad o déficit hídrico, cuando las hojas cierran los estomas para evitar perder agua y el oxígeno no puede ser expulsado y se acumula peligrosamente.
La fotorrespiración se incrementa conforme aumenta la temperatura ambiente, lo cual sucede especialmente en días de intensa insolación. A mayor temperatura, más tasa de fotorrespiración, llegando a igualar en ocasiones la tasa de fotosíntesis. En esos momentos el ritmo de crecimiento de las plantas se detiene.
Las plantas que logran minimizar la fotorrespiración tienen una ventaja adaptativa sobre las demás y pueden colonizar medios áridos, secos y soleados. A las plantas que evitan la fotorrespiración se les denomina plantas C4 porque desarrollan un proceso en el que intervienen compuestos de cuatro átomos de carbono. En ese grupo están las quenopodiáceas, como el sisallo.

No menos importante es la cobertura y protección del suelo que realizan los sisallares, en ambientes proclives a las lluvias torrenciales. La densa espesura que llegan a formar no sólo frena las lluvias sino que permite la acumulación de materia orgánica bajo los arbustos y una intensa vida invertebrada la cual atrae, a su vez, a reptiles y aves, por lo que estamos ante un hábitat de gran interés ecológico y un auténtico patrimonio cultural.
Los sisallares están actualmente en retroceso por la expansión urbanística e industrial, las repoblaciones forestales y las roturaciones agrícolas. Así que habrá que decir algo en su defensa más allá de esta nota.
José A. Domínguez
Foto portada: sisallo en fructificación © ANSAR
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Biodiversidad en los descampados del norte de la ciudad de Zaragoza. ANSAR, 26 abril 2025.
Propuesta de conservación en el DAT Alierta. ANSAR, 14 enero 2026.


