Un fin de semana entre rapaces: ANSAR celebra un nuevo curso de iniciación a su identificación

Una quincena de participantes combinó formación teórica y salidas de campo para aprender a reconocer las principales rapaces de Aragón de la mano del ornitólogo y fotógrafo de naturaleza Fer Goytre

Del 5 al 7 de junio, la sede de ANSAR y diversos espacios naturales del entorno de Zaragoza acogieron una nueva edición del Curso de Iniciación a la Identificación de Rapaces, impartido por Fer Goytre. Durante tres intensas jornadas, las personas participantes tuvieron la oportunidad de adquirir conocimientos básicos sobre la identificación de estas fascinantes aves y ponerlos en práctica sobre el terreno.

La actividad comenzó el viernes con una sesión teórica en la sede de la asociación. Tras una introducción a las herramientas y recursos más útiles para iniciarse en la observación de aves —guías de campo, aplicaciones y recursos digitales—, Fer presentó las principales familias de rapaces presentes en Aragón y explicó los rasgos que permiten diferenciarlas en condiciones reales de observación.

Como es habitual en los cursos organizados por ANSAR, la formación fue acompañada de un ambiente cercano y participativo. Las preguntas, comentarios y experiencias compartidas durante los descansos enriquecieron una jornada que sentó las bases para las salidas de campo del fin de semana.

Rapaces en acción sobre el embalse de Las Torcas

La mañana del sábado estuvo dedicada a la observación práctica en el embalse de Las Torcas. El grupo madrugó para aprovechar las mejores condiciones de observación y evitar las horas de mayor calor.

La respuesta de las aves no pudo ser mejor. Pudimos observarlas tanto a gran altura como muy cerca de nosotros: águilas calzadas de morfo claro y oscuro, águilas culebreras, buitres y cigüeñas aprovechando las térmicas. También presenciamos las continuas entradas y salidas de los buitres desde las paredes rocosas. Algunas especies se dejaron ver con calma, como los elegantes alimoches o un precioso abejero europeo; otras, en cambio, cruzaron el cielo a toda velocidad, como alguna águila calzada y un gavilán del que algunos principiantes apenas llegamos a percibir una sombra fugaz.

Cada observación se convirtió en una oportunidad para aplicar sobre el terreno los conocimientos adquiridos el día anterior: siluetas, patrones de vuelo, comportamiento, tamaño relativo y otros detalles clave para la identificación fueron objeto de análisis y debate entre el grupo.

Tras una mañana muy provechosa y con el calor comenzando a hacerse notar, la actividad de campo dio paso a una pausa para la comida antes de regresar a la sede de ANSAR.

Consolidar conocimientos para seguir aprendiendo

La sesión teórica de la tarde permitió resolver dudas surgidas durante la salida matinal y completar el repaso de otras especies frecuentes en nuestro entorno. A medida que avanzaba la jornada y se acumulaban los conceptos, Fer recurrió a dinámicas participativas y ejercicios prácticos que ayudaron a reforzar los conocimientos de una forma amena y eficaz.

El objetivo era claro: proporcionar herramientas que permitan a cualquier aficionado seguir aprendiendo de manera autónoma y disfrutar más de sus observaciones en el campo.


San Mateo, escenario del broche final

El curso concluyó el domingo con una nueva salida por el término municipal de San Mateo. Allí, las oportunidades para practicar no tardaron en aparecer. Milanos negros y reales, águilas calzadas, águilas culebreras, buitres, aguiluchos, cernícalos, un gavilán e incluso una pareja de águilas reales permitieron poner a prueba todo lo aprendido durante el fin de semana.

La participación activa del grupo y la puesta en común de las observaciones favorecieron un aprendizaje colectivo especialmente enriquecedor. Más de una persona descubrió con satisfacción que era capaz de identificar especies que apenas dos días antes le parecían imposibles de distinguir.

Pero, como suele ocurrir en las actividades de ANSAR, las rapaces no fueron las únicas protagonistas. Entre observación y observación también hubo tiempo para disfrutar de otros tesoros de la biodiversidad: varias orquídeas piramidales (Anacamptis pyramidalis), el arrullo constante de una tórtola europea, el canto de una collalba gris identificada perfectamente por Mari Paz, un espectacular macho de curruca carrasqueña ofreciendo su repertorio desde lo alto de un arbusto y, ya de regreso a los vehículos nos sorprendió el delicado vuelo de un duende (Nemoptera bipennis), envolviéndonos en su elegante danza.

Porque cuando se reúne un grupo de personas de ANSAR, la atención nunca se centra en una sola especie. La mirada siempre está abierta a todo lo que ofrece la naturaleza.

Finalizado el curso, queda ahora lo más importante: seguir saliendo al campo, practicar, observar y disfrutar. Solo así, la próxima vez que nos encontremos para aprender sobre rapaces, quizá ya no tengamos que empezar por la iniciación.

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