Si D. Francisco Loscos levantase la cabeza
Un grupo de la Comisión de Botánica de Ansar hemos hecho hoy domingo dieciocho de enero un recorrido por el remozado Jardín Botánico de Zaragoza, dedicado a D. Francisco Loscos Bernal, gran botánico aragonés del s. XIX.
La primera impresión ha sido buena, el cartel de la entrada nos informa que vamos a ver un Jardín renacentista con varias áreas temáticas, como plantas alpinas, aromáticas y medicinales, comestibles, acuáticas y palmeral entre otras. Bien.
Nada más entrar, mirando hacia la derecha, se nos empieza a torcer el gesto al ver en el primer parterre de aromáticas y medicinales, los rótulos informativos fuera del alcance de la vista desde el camino. Bueeeno, un fallo fácilmente subsanable.
Todo empieza a empeorar cuando nos damos cuenta de que faltan casi todos los rótulos informativos, con los nombres de las diferentes especies, uno de los elementos que diferencia a un jardín botánico de un simple jardín.
El disgusto comienza cuando vemos que algunos árboles, de los poquísimos con rótulos colocados, están mal identificados. Algunos con error de bulto, como confundir un ciprés con un cedro o una acacia de tres espinas con una catalpa. No somos expertos en arboricultura, pero hasta ahí llegamos y estamos seguros de que en el Ayuntamiento hay técnicos con formación más que sobrada para supervisar a la empresa que ha montado el parque.
El homenaje a Francisco Loscos nos ha parecido muy pobre, una placa y unos rosales plantados. Algo más acorde con sus trabajos hubiese sido más indicado, como plantas que él descubrió para la ciencia, otras dedicadas con su nombre u otras medicinales que él nombró.
Parece que el concepto de “Jardín Botánico” ha desaparecido y se ha quedado como simple “jardín”. A un verdadero Jardín Botánico se le supone un interés pedagógico o de conservación, no solo su valor estético, que también.
Todavía se está a tiempo para mejorar la señalización, pero con más de un millón de euros gastado en el proyecto, la inauguración se debería haber hecho con el parque terminado (suponiendo que sea esa la intención). Mucho césped y poca información.
En resumen, se ha perdido una buena oportunidad de hacer un verdadero “Botánico” en Zaragoza, creado para los amantes de las plantas y el público en general. Debería ser un lugar para disfrutar de su sosiego, pero también para aprender acerca del mundo vegetal, tantas veces olvidado en esta ciudad.




