La Asociación Naturalista de Aragón lamenta que la inversión de 1,3 millones de euros en la renovación del Jardín Botánico de Zaragoza no haya servido para mejorar y naturalizar este espacio sino para la contrario: más cemento, menos especies y con rótulos equivocados, y una fuente y canales de agua totalmente inapropiados. Una actuación que ya viene siendo habitual en cualquier renovación de plazas o parques en esta ciudad, en las que, frente a una situación de aumento de temperaturas y necesidad de refugios climáticos, se apuesta por el hormigón.

Frente a las declaraciones realizadas por el Jefe de Servicio de Parques y Jardines, sr. Bergua, el 19 de enero, en entrevista realizada por Radio Zaragoza, según el cual el criterio seguido ha sido el “de preservar el patrimonio vegetal que habían heredado”, consideramos que no se ajusta a la realidad. Si se contrastan las 130 especies existentes en el catálogo realizado en 2018 y se compara con lo existente en la actualidad, faltan 37 especies de las inventariadas en ese momento. La causa de ello es el abandono que ha tenido este espacio durante estos años y la tala con la que se inició la remodelación, como la de los grandiosos pinos que había a la derecha de la entrada, más los árboles que han sufrido heridas en todo este proceso, resultado de un incumplimiento de la Ordenanza Municipal de Protección del Arbolado Urbano, que permanentemente ocurre en esta ciudad.
Por otro lado, una de las características de un jardín botánico es su papel pedagógico, de tal forma que las personas que lo deseen puedan identificar las especies, pero en un recorrido por el renovado jardín, se observa que la mayoría de los árboles y arbustos carecen de etiquetado y que los pocos que lo tienen, su ubicación impide leerlos o, lo más grave, algunos de ellos están mal identificados. Podría ser que la gente los hubiera cambiado de lugar como ha afirmado el sr. Bergua, pero es que si observamos la página web municipal en la que, de forma incompleta, han empezado a indicar las especies que podemos encontrar, también están mal, y en este caso no podemos achacarlo a las personas malintencionadas. Por ejemplo, hay especies que no están en
todo el botánico a pesar de estar sus carteles, como la sabina negra (Juniperus phoenicea), olmo (Ulmus minor), álamo temblon (Populus tremula), ciprés de arizona (Cupressus arizonica). Así que parece lamentable que existan estos errores cuando se
contaba, según declaraciones del equipo de gobierno, con “un equipo multidisciplinar de especialistas en paisaje, botánica, farmacia, ingeniería, ecología, restauración de patrimonio, cerámica artística y diseño digital”.
A esto se añade que un jardín dedicado a D. Francisco Loscos, gran botánico aragonés del s. XIX, sea tan pobre el espacio dedicado al mismo, con solo una placa y unos rosales plantados. En opinión de ANSAR, algo más acorde con sus trabajos hubiese sido el haber incorporado plantas que él descubrió para la ciencia, otras dedicadas con su nombre u otras medicinales que él nombró. Igualmente se ha perdido la oportunidad de incorporar especies o endemismos del Valle del Ebro y su uso medicinal asociado, justo el campo de trabajo de Francisco Loscos.
Respecto a la fuente y canales realizados, el resultado es todavía más decepcionante, no hay más que comparar con otros Jardines Botánicos como el de Córdoba, cuyas fuentes son verdaderos espacios donde se potencia la biodiversidad y
que cumplen un papel educativo para la ciudad. El antiguo estanque, al menos, constituía un espacio rodeado de tamarices y la presencia de patos hacía que lo frecuentaran muchas familias con niños. Frente a la fuente de cemento y canales luminosos con sus paredes verticales que constituyen una trampa para la fauna, se hubiera requerido una mejora de este antiguo estanque donde se hubieran mostrado las especies asociadas a los humedales.
Tras un año de obras, la decepción es total: un espacio ajardinado que para nada semeja a un botánico, con importante pérdida de arbolado, sin cartelería de identificación de especies ni en la entrada del Jardín, y con una web incompleta, con errores y con un aumento de cemento frente a la necesaria naturalización. Lo único que se salva son algunos de los bancos de cerámica recuperados.








