Árbol que habita zonas montañosas, de entre 900 a 1.500 m. en Aragón, con cierta humedad y zonas umbrías, en suelos preferentemente silíceos y que no estén encharcados. Es uno de los robles que habitan en nuestro país, con los que les une muchas de sus características. Además es frecuente que se hibriden, por lo que suele confundirse con otros (sobre todo el Quercus robur o roble carballo).
No es muy habitual en Aragón, no forma bosques sino que aparece salpicando masas forestales de otras especies.
Es un árbol de gran porte, pudiendo alcanzar 40 m. de altura. Son muy longevos, pues crecen muy lentamente, se calcula que podrían alcanzar los 800 años. Su corteza es grisácea o pardusca, resquebrajada en ejemplares viejos. Sus hojas son caducifolias, con el típico borde lobulado de los robles, con forma aovada o espatulada (más ancha en la zona terminal que en la cercana a la rama), y con un peciolo largo (hasta 2,5 cm). Su envés suele ser más claro que el haz, de color verde oscuro.
Las flores aparecen sentadas o con pedúnculos muy pequeños, por ello los frutos (bellotas) también carecen casi de peciolo. Las bellotas son ovoides, con un escabillo o cúpula de la bellota tiene escamas.
La forma de distinguir los robles albares de los "robur" o carballos es fijarse en las flores (en el albar, no son colgantes, en el carballo sí, en forma de amentos); en sus hojas y bellotas, que tienen alternadamente los peciolos largos o muy cortos: el albar tiene hojas con peciolos largos y bellotas sentadas; el robur tiene hojas sentaads y bellotas con peciolo largo). Además, el Q. robur tiene unas "orejuelas" en la base de las hojas.
Todos los robles tienen una madera de gran calidad y dureza, por ello se han usado desde tiempo inmemorial en la construcción de casas, barcos y muebles, para leña o para carboneo. Sus bellotas han apacentado los rebaños de ovejas o cerdos, y hoy en día aún son una reserva importante de alimento para la fauna.
Sus hojas y corteza se han usado para tratar inflamaciones diversas, sobre todo de garganta. Sus propiedades coagulantes han detenido hemorragias y aliviado dolores menstruales.
Los robles, por su porte, longevidad y utilidad, han sido emblema de la fortaleza y la nobleza. Sus hojas y ramas suelen aparecer en escudos heráldicos, banderas o uniformes del ejército. Los reyes y emperadores romanos usaban coronas de roble. En la mitología se asocia con los dioses más poderosos: Zeus, Júpiter, Thor. Los celtas y los nórdicos, sobre todo, lo tenían como árbol sagrado. Los druidas recogían el muérdago que crecía en ellos para sus pócimas, y bajo sus ramas se celebraban rituales y fiestas.
Como ejemplo de la pervivencia de estas tradiciones, mencionaremos el Árbol de Guernika, símbolo del pueblo vasco, que también es un roble.