Es un árbol cuya altura depende de la subespecie, que puede ser Ballota o Ilex.
La subespecie Ballota es menos alta que la segunda, pudiendo alcanzar los 15 metros de altura. Pero está más adaptada a las duras condiciones del interior de España, donde predomina. Su copa es más bien redondeada, sus hojas elípticas o redondeadas de hasta 6 cm. de longitud y con margen pinchoso son persistentes (Flora Ibérica). El haz es verde oscuro y el envés es tomentoso y con aspecto aterciopelado.
Las flores masculinas se agrupan en amentos colgantes que presentan un amarillento, luego anaranjado y finalmente pardo y las femeninas son solitarias o agrupadas en pares y poco conspicuas.
La subespecie Ilex, se da con más frecuencia en el litoral Peninsular y llega a los 25 metros, con copa alargada y menos densa. Hojas de hasta 9 cms., lanceoladas o elípticas con un margen que no suele ser pinchoso, dentado o entero.
Ambas florecen en abril o mayo y dan fruto en octubre.
De este árbol se aprovecha, o pueden aprovecharse, sus propiedades, alimenticias, medicinales y sus usos para madera, carbón, tinte, curtimbre... En alimentación humana el uso de la harina de bellota fue importante, sobre todo en épocas de escasez. Fue desplazado por la patata y utilizado posteriormente como alimento para el cerdo ibérico cuya carne y curtidos son hoy, los mejores del mundo.
Las encinas y el resto de los Quercus, presentan unas extrañas formaciones en las hojas que pueden ser confundidas con frutos, y de hecho lo son, por personas inexpertas. Las ocasionan las puestas de huevos de los insectos gallícolas. Estos comprenden 13 familias incluídas en 3 órdenes, para inducción por picadura alimenticia y 12 familias incluídas en 4 órdenes.
Algunos insectos realizan una perforación en la hoja para alimentarse y alrededor de la picadura, se desarrolla posteriormente un crecimiento celular desordenado: la agalla o cecidia.
La ciencia que estudia lo relativo a la formación de las agallas en los árboles se llama Cecidología. Hasta hace poco se creía, sin demostración científica, que los insectos inyectaban unas encimas o unos virus sintéticos que producían una disrupción en el crecimiento normal de las células, sin embargo, investigaciones recientes demuestran que “En un primer paso hay unos genes específicos de los cinípidos que codifican enzimas hasta degradar las paredes celulares de las plantas rompiéndolas. Después, mediante otras interacciones con los genes de la planta, se forma el estado embrionario de la agalla. Ahora queda pendiente identificar los genes responsables de las estructuras secundarias de las agallas”, apunta José Luis López Aldey investigador del MNCN (Museo Nacional de Ciencias Naturales). La interacción que se produce entre las avispas de las agallas y los árboles es una de las más complejas de las relaciones planta-animal que existen en la naturaleza.
El nombre, Quercus, era que los romanos daban a los robles e Ilex, el que daban a las encinas. Fue Linneo el que los unió en una misma familia.