Es caducifolio, con hojas alternas, ovaladas y pecioladas. Alcanza una altura de hasta 4 metros y forma rodales espesos e inextricables por su densidad y por lo agresivo de sus espinas.
Las ramitas terminan en una espina, que no aguijón o pincho, ya que la diferencia entre ambos es que las espinas tienen tejido vascular que comparten con el tallo y los aguijones no (como los rosales) lo que los hace fácilmente separables del tallo.
La corteza del tallo y de las ramas es de color gris oscuro.
Las hojas son aovadas con los bordes aserrados de forma especialmente delicada.
Las flores son pentámeras, con 5 sépalos, 5 pétalos y 15 estambres.
Florece en marzo-abril y sus frutos maduran a finales del verano. Solamente son dulces después de las primeras heladas.
El fruto es redondo y cuando madura adquiere un color violáceo. La piel de éste se presenta con un polvillo blanco, que no es otra cosa que pruína, una fina capa de cera que protege de la lluvia y hongos al fruto. Se da también en todas las especies de Prunus y de uvas.
Se propaga principalmente por brotes que nacen de sus raíces creando auténticas barreras que se han utilizado (con mantenimiento) como bardas para cerrar el paso a los animales.
Crece en los márgenes de bosques de quejigos, pinos, y carrascales, en setos y en campos abandonados. En el Prepirineo y en el Pirineo hoy supone un problema por la invasión de estos campos incultos y la consiguiente pérdida de patrimonio pascícola, cortando los caminos y el paso a, y entre, zonas de pasto e incrementando notablemente el riesgo de incendios.
Con el fruto se elabora una popular bebida: el pacharán, mediante maceración en alcohol anisado de unos 20 º volumétricos durante 4 a 6 meses. La pruina que recubre la piel del fruto es utilizada como laxante, el fruto y las hojas son astringentes.
Se deben retirar las bayas del pacharán cuando ya esté hecho y evitar romper la cáscara de las semillas cuando se quieran utilizar para elaboración de pomadas ya que son tóxicas por su contenido en ácido cianhídrico.