Un yacimiento de huellas “único” sin proteger por falta de fondos

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Reproducimos a continuación la noticia publicada el pasado mes de abril en EL PERIÓDICO DE ARAGÓN, haciendo referencia al yacimiento de huellas fósiles de Valmadrid que descubrió nuestro socio Esteban Samaniego García, cuando paseaba acompañado de su mujer Eva Burivalova y su hijo Juan.

 

El Periódico de Aragón

PATRIMONIO HISTÓRICO EN ZARAGOZA. F. MANTECÓN 02/04/2018

Un yacimiento de huellas «único», sin proteger por falta de fondos.

El lugar presenta aparente rastros de tigre de dientes de sable y oso primitivo. La universidad y la DGA negocian para poder estudiar y acotar el enclave.

La provincia de Zaragoza alberga un yacimiento de icnitas, huellas fosilizadas, aparentemente «único en España» y «muy valioso», que dos años después de su descubrimiento se sigue sin estudiar en profundidad ni proteger, por falta de presupuesto. Una situación que preocupa al puñado de naturalistas que conocen de su existencia, pero que para los expertos consultados no es grave, ya que no presenta riesgo inmediato de deterioro. De hecho, la Universidad de Zaragoza y la dirección general de Patrimonio del Gobierno de Aragón están negociando para conseguir el dinero necesario para analizar como se merece el enclave.

Sobre este, todas las fuentes consultadas coinciden en la necesidad de preservar el secreto sobre su ubicación, para evitar tentaciones de expolio o incluso vandalismo. De ahí que no se detalle su ubicación, y las imágenes se ofrezcan en planos cerrados para no dar pistas sobre el paisaje.

Hasta donde se puede detallar, el terreno rocoso en el que se ubica este aparente yacimiento único afloró por unos trabajos hace varias décadas, pero las huellas de mamífero no llamaron la atención de nadie hasta hace dos años, cuando a un naturalista que paseaba por el lugar le pareció distinguir un rastro fosilizado de oso, que incluso, pensó, podría corresponder a un oso de las cavernas.

El descubrimiento fue puesto en conocimiento de la Universidad de Zaragoza, y desde esta llegó a Patrimonio, pero por el momento la disponibilidad presupuestaria no ha sido la necesaria para trabajar en el lugar ni en sus proximidades, que potencialmente podrían albergar más huellas similares.

Las fuentes consultadas explicaron que el terreno aflorado correspondería al mioceno superior, un periodo correspondiente a hace unos diez millones de años.

El lugar, por entonces, podría haber sido algún tipo de laguna a la que los animales se acercasen a beber, lo que explicaría la presencia de huellas tanto de grandes carnívoros como de hervíboros, al igual que ahora sucede en los ríos y lagunas de la sabana africana.

Y es que el naturalista que descubrió los rastros se fijó principalmente en las huellas de oso, que ciertamente llaman la atención por lo claramente definidas que están las garras y la palma. Pero el yacimiento, en realidad, no destaca por eso, según los expertos.

En primer lugar, los consultados aclararon que estos rastros no corresponden a un oso cavernario, que sería «mucho más grande» que el animal que se intuye allí. Pero sí sería un úrsido, un antecesor lejano de los actuales osos.

Además de estas huellas, se pueden observar también rastros de ungulados, animales con pezuñas que hoy variarían desde las cabras a los caballos. Sus huellas también están muy definidas, pero con el análisis preliminar es imposible, explicaron las fuentes consultadas, determinar o aventurar a qué tipo exacto de animal podrían pertenecer.

GRANDES FELINOS

El plato fuerte del yacimiento, sin embargo, no son ni los osos ni los ungulados, sino las huellas de los grandes felinos, también claramente apreciables a simple vista, con su palma y sus dedos en forma de almohadilla. Tampoco se puede precisar a qué animal pertenecerían con total certeza, pero «posiblemente» se trataría de un tigre de dientes de sable, uno de los grandes predadores del periodo.

Los naturalistas con los que contactó este diario se mostraron preocupados por la pasividad respecto a este yacimiento, al temer que el paso del tiempo y la acción del hombre, además del hecho de estar a la intemperie, puedan degradar las huellas si no se actúa. Tienen en la memoria la destrucción de la cueva oscense de Chaves, conocida pero no protegida, y que quedó destrozada para la construcción de unas instalaciones de un coto de caza, sin que la condena al responsable haya podido resarcir la pérdida para el patrimonio aragonés.

Sin embargo, los expertos rebajan considerablemente el nivel de alerta. «Los tiempos de los aficionados, con toda su buena intención, y de los científicos, no son los mismos», explicaron. El yacimiento lleva tiempo como está e, insistieron, no hay peligro inminente, «ni mucho menos», de que se degrade. Es más, incluso el paso de cierto tiempo y la erosión podría ayudar a que las huellas se apreciaran incluso con más claridad, según expusieron.

De hecho, aunque este es un yacimiento, insistieron, «muy interesante, en el que merece la pena invertir», hay otras zonas descubiertas sin trabajar repartidas por Aragón.

En cualquier caso, se está en negociaciones para trabajarlo cuanto antes, y estudiarlo para confirmar si, como parece, es un enclave «único» para los científicos. «Primero hay que estudiarlo y luego quedarían otras fases necesarias», insistieron.

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